miércoles, 31 de marzo de 2010

Chicas virtuales


El amigo Javier Sinay (autor del recomendable Sangre joven), nos entrevistó para Ciudad.com


"Te pido un taxi", de Fernanda Nicolini y Mercedes Halfon

Amigas son las amigas

La historia de dos amigas sirve como puerta de entrada al mundo de las chicas profesionales de 30 años en una novela escrita a cuatro manos que se vende como chic lit, pero que también busca lectores varones.

Por: Javier Sinay

Julia Ronacaglio terminó con su novio, Andrés, de la peor manera: ella se fue de casa y tuvo que volver a lo de su mamá. Y lo que es peor, se quedó sin su tienda de ropa. Su mejor amiga, Bárbara Salerno, tampoco anda bien. El trabajo que tiene como productora de un programa de televisión diario la consume, a veces se descubre envidiando desde cierta madurez a una joven compañera que no usa corpiño y tampoco da con un hombre que valga la pena.

Este es el mundo de las chicas de 30, el de Julia y Bárbara, pero también el de Fernanda Nicolini y Mercedes Halfon, las dos autoras de "Te pido un taxi". Esta novela editada por Sudamericana y bien recibida en las librerías (a pocos meses de su presentación ya alcanzó una segunda edición) tiene una rara virtud: fue escrita a cuatro manos, muy a pesar de lo que opina Marguerite Duras desde el epígrafe, "Nadie ha escrito nunca a dúo". "Creo que lo más riesgoso de escribir de a dos era dinamitar nuestra amistad", confiesa Nicolini. Las dos autoras delinearon la historia general, con las aventuras de Julia y Bárbara, y se hicieron cargo de cada uno de estos personajes que narran la historia a dos voces. "La gran ventaja de escribir de a dos, además de ser muy divertido, es que una hacía de editora de la otra, con la distancia suficiente para detectar qué funcionaba y qué no, pero no como una observador externa sino como parte interesada", agrega la media naranja autoral.

Fernanda Nicolini y Mercedes Halfon no sólo escribieron de a dos "Te pido un taxi", sino también el blog autobombo, donde día a día dejan entrever algo de su vida personal y profesional (Nicolini es redactora del diario Crítica y editora de la revista Llegás a Buenos Aires; Halfon escribe en Radar, de Página 12, y subdirige Llegás a Buenos Aires). "Quizás hay un tono en común entre el blog y la novela, o cierta manera de utilizar el humor y la ironía para retratar lo cotidiano", considera Nicolini. "Pero en autobombo cada una sube sus posts sin consultar a la otra y sin necesidad de continuidad con nada. Y, principalmente, son reflexiones o textos autoreferenciales, que nos exponen de manera directa. En la novela, en cambio, cada una de nosotras se escudó de tras de su personajes y, lo más divertido, ¡es ficción!".

Sin embargo, el escudo de los personajes del que hablan sus autoras permite, a veces, adivinar qué hay detrás. Nicolini cuenta de similitudes, de ex novios que se pueden sentir aludidos cuando lean "Te pido un taxi" y de amigas que sirvieron como fuente de anécdotas. "Desde el momento en el que elegimos un recorte de chicas profesionales, como nosotras, las referencias autobiográficas se hicieron inevitables", dice. El itinerario que propone la novela se da en un tiempo y un lugar bien determinados, con personajes que se mueven en la franja de los 30 años, una edad que tiene poco que ver con lo que solía ser. "No había pensado en esto hasta que mi mamá leyó el libro y me dijo 'Qué difícil es tener 30 en esta época'", cuenta Nicolini. "Ahí me di cuenta de que ella, a mi edad, ya tenía tres hijos y hacía casi diez años que estaba casada. Con esto quiero decir: estamos en una época en la que a los veinte la vida es pura posibilidad, puro ensayo. Y desde afuera está bien visto que así sea. Pero de pronto a partir de los 30, y acá hablo específicamente en el caso de las mujeres, todos esos mandatos sociales que parecían suspendidos, caen. Y el valor ya no es la posibilidad o el cambio sino la certeza: hay que estar en pareja, hay que empezar a pensar en el tema hijos, hay que estar bien posicionada en el trabajo. ¿Y qué pasa si no es así? Tu alrededor se empieza a preocupar por vos aunque a vos no te preocupes".

Con todo, ésta es una historia que podría estar ocurriendo ahora mismo. Pero es sólo chic lit. Y aunque el género pide lectoras, este libro también busca lectores. "En definitiva lo que queríamos era contar una historia", cierra Nicolini. "Una historia inventada a partir de una experiencia común".

domingo, 28 de febrero de 2010

Agotadas

Ya está la segunda edición de TP1T en tu librería amiga. ¡Comprálo!

viernes, 12 de febrero de 2010

Luciana Peker nos entrevista para LAS 12

UN FLECHAZO CONTRA SAN VALENTIN


El libro Te pido un taxi es una radiografía de un segmento de la amorosidad actual de mujeres urbanas, profesionales y treintañeras, escrita por Fernanda Nicolini y Mercedes Halfon, que más que buscar un happy end con la chica vestida de blanco revaloriza la amistad y las redes entre mujeres. Ellas, además, denuestan a San Valentín, no sólo por ser una festividad marketinera e importada, sino porque sienten que “está hecha para hacer sentir mal” y creen que en ese combo también está el sexo vendido como consumo.

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Por Luciana Peker

Los sombreros de brujas –mal reconocidas como malditas, cuando fueron sabias, y no sabemos si tuvieron verrugas o la historia necesitó afearlas para tapar su ancestral sabiduría– se escapan de los negocios porteños en Halloween. También en San Patricio el Bajo porteño se disfraza de Irlanda para llenar de cerveza la pantalla del noticiero que muestra a chicos y chicas con la boca abierta, para que la señora de su casa diga “la juventud está perdida” y la imagen de la mañana siguiente con botellas y alguno que se olvidó la dirección de su casa tirado por la calle le den el sí a su propia razón. En el nuevo calendario de fechas importadas, San Valentín no es la única fiesta del marketing ajeno, pero es una patada ahí, donde todo cala: sí, en los corazones que se reproducen como conejos y encima están flechados –como si el flechazo, a esta altura, no fuera un símbolo, al menos, demodé de la victoria de la cruzada de Cupido sobre el cuerpo femenino– en cada vidriera, negocio, sex shop o restaurante que invita a los enamorados –que los hay, los hay– pero, igual que en las fiestas de fin de año, nadie dice que no haya familias, pero sí que el ritual del chin chin les duele más a los/las que conviven con un duelo o diversos desamparos que a los/las que se empachan de vithel toné y listo. Pero no terminamos de sacarnos el arbolito de Navidad del living (¿del amor?) que ya viene el tren de corazones no sólo para importar un negocio, encima, para aumentar otro: el de las que se sienten frágiles, abandonadas, solas, descolgadas, insatisfechas o incompletas por no tener un chocolate para morder en otra boca en el tan acorazado 14 de febrero.

“San Valentín es una fiesta para hacer sentir mal, no para hacer sentir bien”, deshace Fernanda Nicolini el rojo furioso con el que iluminan las vidrieras febriles de verano y Mercedes Halfon no destila más ingenuidad: “Para hacerte sentir mal cuando estás soltera”. Las dos hablan como escriben, juntas, aunque sean tan distintas como el clásico de la rubia –Fernanda– y la morocha –Mercedes– y Fernanda apunte a un cinismo que resguarda su solidaridad no ostentosa y Mercedes acumule en un cuerpo chiquito de chica pin-up ideas que alejan a la cultura de la crueldad y, tal vez por eso, se animan –con todas sus iniciativas de periodistas de oficio y poetas subterráneas– a hablar de eso que otras chicas cultas quisieran sacarse de encima, como una marquesina que puede ligarlas a un lugar común, tan común como comúnmente sucede: el amor, el desamor, el fracaso, el desencuentro. Pero, por sobre todas las cosas, como dijo el escritor Pedro Mairal, al presentar el libro Te pido un taxi, de Editorial Plaza&Janés, la revalorización de la amistad femenina.

Como la de ellas, simbióticas, opuestas, complementarias, compañeras. Eso: compañeras. Mercedes y Fernanda tienen 30 años. Mercedes escribe en Radar –de Página/12–, ganó el Premio Estímulo de Periodismo de TEA y publicó el libro de poesías Dormir con lo puesto. Fernanda es redactora del diario Crítica y también tiene un libro de poesías: Ruta 2. Las dos –juntas– hacen el blog autobombo.blogspot.com y las dos escribieron –entre Lobos, Buenos Aires, bares, departamentos y Mar del Plata– Te pido un taxi, un libro que describe más allá de dos historias –como las de ellas– una radiografía de la compleja trama de la amorosidad contemporánea. Y las dos se animan a derribar mitos. “San Valentín es una gran confusión”, destruye Mercedes. “En realidad, un poeta escribió algo sobre un casamiento y se lo dedicó a San Valentín. Por eso piensan que es el santo del amor, pero no había ni casado a nadie, es una confusión”, revela Mercedes. Y gritan con Fernanda: “¡Por eso nosotras queremos reivindicar a San Antonio, que es el santo del amor de acá!”.

Fernanda: –El amor y la pareja es lo más íntimo que tenés en tu vida. Vos podés llegar a festejar por tu aniversario. Es un contrasentido que tengas que festejar en público y a nivel masivo algo que es totalmente íntimo. Es una lógica publicitaria: masifiquemos el consumo del amor. ¿Cómo es el amor? Un corazón de peluche. Y no hay cosa que atente más contra el amor que estandarizarlo.
–¿Y el peluche atenta contra el amor?

Fernanda: –No sólo atenta contra el amor, sino que es una idea del amor adolescente. Es un amor aprendido del cine y la literatura. Es una idea de amor, no es un amor de construcción y de práctica. Y la publicidad de San Valentín trabaja con eso: con lo aspiracional, algo que querés tener y no podés.

Mercedes: –Los enamorados están enamorados: son una unidad mínima. Hacer de eso una festividad nacional es hacer de eso una apariencia, mostrar que tenés alguien para ir a comer a un lugar...
–Es como el exhibicionismo –que simboliza Ricardo Fort– de mostrar más que de ser...

Fernanda: –Sí, la ostentación de “yo tengo algo que vos no tenés” porque los que lo tienen no necesitan salir a mostrar nada. Es muy violento para las solteras o los solteros –que no es una enfermedad– estar exhibiendo el amor como mercancía.
–¿Y esa frustración es más fuerte en las mujeres que –visible o sutilmente– tienen el mandato de conseguirse un novio?

Fernanda: –Sí, cualquier cosa que te genere frustración te tira para abajo.
–¿Qué simboliza en el imaginario amoroso actual Te pido un taxi?

Fernanda: –Una amiga tiró “Te pido un taxi” y todas dijimos “sííííí”. Y a partir del título, que era un lugar común que resumía la frustración y el fracaso, se generó el punto de vista de la novela. Una mujer moderna puede decir “Te pido un taxi” imperativamente. Además, es la frase que clausura cualquier posibilidad. Si una hora antes existía alguna posibilidad de amor, sexo, cualquier cosa, “Te pido un taxi” define que después de eso no hay nada más. Es la frase que clausura: hasta acá llegamos.
–¿En qué lugar se ubican ustedes en la amorosidad actual, donde hay libertad pero también mucha vergüenza de sentirse identificadas, en algunos momentos de la vida, con esas chicas que quieren una relación y sienten que los varones se volvieron fóbicos?

Fernanda: –En principio, queríamos que la novela no fuera una típica comedia romántica o literatura de chicas como Bridget Jones o Sex and The City.

Mercedes: –Nosotras veíamos que esta literatura o los blogs no se diferencian mucho de la literatura del siglo XIX, donde, para todos los sinsabores que pasa la mujer, está la píldora salvadora que es el amor cuando aparece el chico indicado. Y cuando la mujer tiene a su bebé siente que todos sus problemas se terminaron. Incluso, las que supuestamente son más críticas, como Bridget Jones, también terminan con sus problemas cuando encuentran al chico al que no le molesta que ella sea gorda.
–¿Se retoma la idea anterior a la liberación femenina, de que no hay realización posible sin un hombre al lado?

Mercedes: Como que, al fin y al cabo, todo se cuenta de la misma manera que en el siglo XIX. Por eso, nosotras nos propusimos ser sinceras con lo que nos pasa alrededor, pero no hacer el final que ella se enamora y se casa.

Fernanda: –Obviamente la posibilidad de enamorarse y tener una pareja estable está todo el tiempo presente en la novela, pero no como la fórmula salvadora. Hay un personaje (Julia) que no está buscando el amor, sino que lo redefine a partir de un fracaso y eso nos parece mucho más real. Y el otro personaje (Bárbara) tiene muchos hombres pero ninguno le termina de cerrar, pero no es porque ella es fea o gorda o los típicos estereotipos de que la mujer no llena los casilleros de la belleza actual. Su insatisfacción es no encontrar al tipo.
–¿Ustedes creen que esta insatisfacción es porque en Argentina hay un mandato social de casarse y tener hijos que sigue presionando a las mujeres? ¿O porque realmente el amor en esta época es más esquivo y eso duele?

Fernanda: –Hoy, entre los veinte y los treinta, hay una licencia social para que estés a la par del varón: estudies, trabajes, pruebes muchos hombres, muestres tu potencia. Pero a los treinta ya tenés que tener certezas: no podés seguir probando con este o con otro y empieza, indefectiblemente, el reloj biológico. En cambio a un tipo que tiene entre treinta y cuarenta no se le exige una estabilidad emocional. Ellos pueden seguir pensando que “algo mejor está por venir”.

Mercedes: –Hay diferencias biológicas, culturales, sociales y familiares que se arrastran de siglos. Y siempre hubo literatura femenina, pero en todos los géneros se puede hacer algo bueno. Orgullo y prejuicio, de Jean Austen, habla todo el tiempo del casamiento y es increíble por un montón de cosas.

Fernanda: –Yo creo que lo interesante es encontrar la narratividad de un discurso particular de la mujer y no sé si para el hombre es igual. Vos conocés a un chico y podés estar cuatro horas contándole a una amiga ese encuentro. Hay una mirada femenina del detalle y los matices, de una observación muy aguda de las conductas humanas, que es muy potente a nivel narrativo.
–En el libro aparece la palabra “chongo”, que marca una categoría que no es ni de sexo casual ni de un novio. ¿Por qué se incluye una definición que viene del mundo gay al universo femenino?

Fernanda: –Es verdad que la palabra “chongo” viene del mundo gay y no sé bien por qué, pero tiendo a pensar que el mundo gay tiene más libertad en los vínculos y las mujeres, para poder tener este tipo de relaciones, tuvimos que importar esa palabra porque no se nos permitía tener una palabra propia. Un pibe dice “Tengo una minita”. Pero si una chica dice “Tengo un tipo”, parece que tenés un tipo que te mantiene. Es bastante sintomático tener que importar una palabra.
–¿Qué pasa con la sexualidad actual, donde están promovidos los juguetes, la performance y donde venden hebillas hay un sector de sex shop para estimular la pasión?

Fernanda: –¡Qué aburrido! ¿Viste cuando te dicen el sexo en el ascensor, el sexo en la cocina? ¿Por qué? ¡Si no hay nada más cómodo que tener sexo en la cama! Yo creo que el sexo también está valorizado como consumo.

Mercedes: –El sexo fugaz, para mí, atenta contra el buen sexo.

Fernanda: –No hay por qué censurar situaciones de sexo fugaz. Hay que tener la libertad de elegir tener sexo sin comprometerse, pero también hay que tener la valentía de decir “No hay nada mejor que el sexo con amor”, sin que se entienda como algo conservador. Es una elección.

lunes, 1 de febrero de 2010

Cecilia Martínez Ruppel nos saca respuestas a mentira-verdad


Nota de la revista The Gallery, edición enero.

Natanael Amenabar da su parecer sobre TP1T

Esto salió en Ni a palos (http://www.niapalos.com/) suplemento joven de Miradas al Sur.

Daniela Pasik da una visión del vituperado fenómeno Chic Lit (y habla bien de nosotras obvio!)



Nota publicada en la revista Cielos Argentinos en el mes de enero

domingo, 31 de enero de 2010

LOS MEDIOS AUDIOVISUALES NO NOS SON AJENOS

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Aquí un video de un exégeta marplatense de Te pido un taxi.
Francamente imperdible.

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Nacho Molina reseña el libro en Radar Libros

(Aquí transcribimos la nota, ya que somos medio inútiles para adjuntar pedeefes. ¡Gracias por la onda!)

TODO SOBRE MI AMIGA

Más allá del género de “literatura para chicas”, Te pido un taxi recrea una historia de amistad femenina y la siempre particular experiencia de escribir un libro entre dos.

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Ni en la tapa ni en la contratapa: sólo en la página de legales, en letras pequeñísimas junto a los datos técnicos del libro, se anuncia que Te pido un taxi pertenece a una colección de chick-lit. Y una atención similar a la que –sólo en apariencia, claro– le dan los editores a ese hecho, deberían darle los lectores. Porque si bien sus narradoras cumplen con los requisitos (son mujeres de alrededor de treinta años, profesionales, sin hijos, conflictuadas sentimentalmente), la novela merece leerse sin los prejuicios que consideran al chick-lit (vocablo que se traduce como “literatura para chicas”, pero que conlleva algo despectivo en su diminutivo original) un género superficial y menor. Y no sólo porque las protagonistas traspasan sus límites; también porque el valor literario de sus páginas así lo amerita.

Julia y Bárbara, los personajes creados por Mercedes Halfon y Fernanda Nicolini para escribir su historia a cuatro manos –apropiándose cada una de una voz en capítulos intercalados–, atraviesan momentos difíciles. La primera acaba de cortar una relación de pareja y, en el mismo movimiento, de quedarse sin casa y sin negocio. La segunda pasa por relaciones efímeras e insatisfactorias y llegará a un punto de inflexión en su carrera laboral. Sus vidas son narradas en un tono más influenciado por el humor corrosivo de Lorrie Moore que por el romanticismo edulcorado de El diario de Bridget Jones. Sucede que estas chicas sufren por amor, sí, pero no quedan paralizadas a la espera de un príncipe azul que venga a solucionarles la vida; no recurren a eufemismos para hablar de cuestiones relacionadas a las drogas o al sexo (ilustrativa es, en tal sentido, la escena en que Bárbara califica a los invitados a una fiesta de acuerdo a la imagen que se hace de sus partes viriles); y no buscan vivir sus historias a través de los hombres sino que salen a buscarlas, como en el viaje que emprenden por la ruta y que desemboca en un trip de ácido en un campo de Lobos.

Te pido un taxi es, sobre todo, una novela acerca de la amistad femenina. Sus conflictos funcionan, en última instancia, como incentivos para cimentar esa relación honesta y desinteresada hecha en base a confesiones, largas charlas telefónicas e intercambios de prendas, risas y lágrimas. Las mujeres, en mayor o menor medida (según su edad y su entorno social), se sentirán identificadas. Y los hombres que se animen a meterse en ella experimentarán las mismas sensaciones que pueden atravesar al oír una conversación de chicas desde la habitación de al lado: asombro, indignación o pudor, pero jamás indiferencia.

Para un periodista, acuciado en su tarea cotidiana por la hora de cierre, el posible corset estilístico y los límites espaciales, incursionar en la literatura suele ser un problema: tanta libertad puede resultar abrumadora. Sin embargo, las autoras de Te pido un taxi (periodistas de oficio y casi debutantes en la ficción narrativa) supieron sacar provecho de esa libertad: se enfrentaron sin prejuicios al páramo que es una novela por hacerse y escribieron con soltura una historia en la que se destacan la fluidez de la prosa y el oído atento al coloquialismo para construir diálogos verosímiles y efectivos. A Halfon y a Nicolini les calza bien el traje de escritoras; sin pretensiones desmedidas, con humildad y elegancia, comenzaron a mostrarlo por una pasarela que debería extenderse más allá de la última página de esta interesante primera novela

domingo, 3 de enero de 2010

Más bajadas de bandera

Roka Valbuena -que siempre hace equilibro en la cuerda amor/odio con sus entrevistados- se reivindicó con las chicas y desde La voz del interior, después de una intensísima sesión de fotos, nos federalizaron.

Ah, no tenemos pruebas de haber salido al aire en el programa de Teté. Pero creanmé que dije "Muchas gracias y muy buen año para todos, es un placer estar en Qué Noche Teté".

jueves, 17 de diciembre de 2009

Todo lo que querían saber sobre TP1T y no se animaban a preguntar


Patricio Zunini de Eterna Cadencia lo preguntó (¡con miedo a que le criticáramos el vestuario!)

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